¿Qué es la Alegoría?

febrero 15, 2025

La alegoría, una figura retórica, consiste en utilizar el sentido literal del lenguaje para crear otro significado, un sentido implícito que requiere descifrarse para comprenderlo. Por lo tanto, la alegoría también se conoce como metáfora o insinuación. Este significado implícito o figurado prevalece o reemplaza por completo el significado literal. Por ejemplo, en el lenguaje, «burro» no se refiere al animal en sí, sino que representa otro significado, concretamente la ignorancia y la paciencia. La alegoría puede ser una simple expresión o una obra literaria completa. La imagen sensorial en la alegoría generalmente apunta a un pensamiento o una idea abstracta. Este significado abstracto puede interpretarse de diversas maneras, como el refrán «Muchos monjes y poca misa», que puede entenderse de dos formas: primero, describe la situación en la que hay muchos que participan pero nadie se responsabiliza; segundo, critica la irresponsabilidad humana. Además, el significado abstracto e implícito de la alegoría puede ser la intención del autor o una interpretación posterior que no estaba presente en el texto original.

En Europa, desde la antigüedad, la alegoría ha tenido una doble función: como técnica de construcción del discurso y como método para comprender e interpretar el discurso. En la primera función, pertenece al ámbito de la retórica y, posteriormente, a la poética y a los estudios literarios. En la segunda función, se enmarca en la filosofía y, más tarde, en la hermenéutica. Esta dualidad y la función de la alegoría se han mantenido a lo largo de su historia. Sin embargo, a través de diferentes épocas, la comprensión y la valoración de la alegoría como recurso artístico han experimentado cambios.

La retórica clásica interpretaba la alegoría como una expresión en la que «la palabra» va por un camino y «el significado» por otro, siendo «el significado» y «la palabra» opuestos: «usa las palabras para decir una cosa, pero el significado para decir otra» (Quintiliano). Posteriormente, la alegoría se consideró como «la imagen del pensamiento», similar a la metáfora. La diferencia entre alegoría y metáfora es solo cuantitativa, no cualitativa. La alegoría aparece en el flujo continuo de metáforas, «la metáfora continua crea la alegoría» (Quintiliano), como en el ejemplo: «Pobre tortuga, carga ladrillos en el templo y lleva grullas en el patio». Los teóricos de la literatura también enfatizaron la «oscuridad» y el misterio de la alegoría. Demetrio la comparó con «la sombra y la noche». Quintiliano consideraba que, en la oratoria, el uso de la alegoría «oscura» era un defecto del lenguaje, pero en la poesía era una ventaja que se podía «usar libremente». Cicerón afirmaba que era necesario añadir al lenguaje la «oscuridad» y el misterio de la alegoría, ya que era un «importante adorno poético». Basándose en el principio de construcción del discurso alegórico, el neoplatonismo, los estoicos y el judaísmo helenístico reinterpretaron los mitos antiguos y el Antiguo y Nuevo Testamento, encontrando en ellos nuevos significados cósmicos y morales acordes con la filosofía de la época. Dante utilizó el término alegoría al analizar obras seculares. La teoría del «significado de las cosas», según la cual no solo las palabras sino también los objetos tienen la capacidad de significar, se convirtió en la base semiótica para que la Edad Media desarrollara la teoría de la alegoría. Para los pensadores medievales, la relación entre el significante y el significado no era arbitraria ni artificial, la alegoría era un sistema de significado establecido por Dios. El Renacimiento y el Barroco continuaron con esta perspectiva medieval.

En el siglo XVIII, la interpretación de la alegoría cambió radicalmente al oponerse al símbolo. Winckelmann dividió la alegoría en «superior» e «inferior»; la «inferior» era «una imagen que todos conocen», mientras que la «superior» aportaba «la verdadera grandeza épica a la obra de arte». El establecimiento de la alegoría «superior» anticipó la comprensión del símbolo como un modo de significación opuesto. Goethe utilizó los conceptos de finito/ infinito para contrastar la alegoría con el símbolo: la alegoría pertenece a lo finito, el símbolo a lo infinito, la poesía usa la alegoría, colocando el arte en el ámbito de lo finito. La estética y la poética del siglo XIX continuaron con la idea romántica de veneración del símbolo, considerando la alegoría como una forma inferior de descripción artística. No fue hasta el siglo XX, con la publicación de obras como El origen del drama trágico alemán (1928) de Walter Benjamin, Verdad y método (1960) de G. Gadamer o Anatomía de la crítica (1957) de N. Frye, que la alegoría y el arte alegórico ocuparon el lugar que les corresponde.

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